Moisés Fernández y Miguel Romero: los médicos que hicieron funcionar el hospital improvisado del McDonald’s en La Guaira

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7/1/20263 min read

En La Guaira, el estudiante de Medicina Moisés Fernández abrió el camino para convertir un McDonald’s abandonado en centro de atención. Desde allí, junto al doctor Miguel Romero y otros voluntarios, organizaron triaje, farmacia, quirófano improvisado y atención de emergencia para heridos del terremoto.

En medio del desastre de La Guaira, cuando los hospitales estaban saturados y la respuesta institucional no alcanzaba, un McDonald’s abandonado terminó convertido en hospital de campaña. La historia comenzó con un estudiante caraqueño de último año de Medicina, identificado por el equipo como Moisés Fernández, quien llegó a la zona en los primeros días de la tragedia y empezó a atender pacientes con lo mínimo: una manta, unas lonas atadas a un árbol y la voluntad de ordenar el caos.

El País relata que ese estudiante montó primero un ambulatorio improvisado cerca del local abandonado. Uno de sus primeros pacientes fue un policía con una bajada de tensión. Después de estabilizarlo, el estudiante aprovechó para pedir apoyo y lograr que les habilitaran la hamburguesería como espacio médico. El acuerdo fue simple: los médicos entrarían a trabajar y los agentes protegerían el lugar ante robos y asaltos en una zona cada vez más crítica.

Ese gesto cambió todo. El sábado lograron entrar al local y al día siguiente, después de limpiar escombros, organizaron los espacios básicos de la clínica: un quirófano improvisado en el comedor de la primera planta, una farmacia cerca de la barra donde antes se despachaban hamburguesas y una zona de descanso en el piso superior para médicos, enfermeras y rescatistas.

Moisés Fernández quedó como una pieza clave del primer triaje. Su movimiento afuera del local permitió concentrar a los pacientes, ordenar prioridades y darle un punto físico a la atención. En una emergencia de esa escala, el triaje no es un detalle administrativo: es la diferencia entre salvar tiempo o perder vidas. Había que decidir quién podía esperar, quién necesitaba sutura, quién debía ser trasladado, quién requería hidratación urgente y quién presentaba signos de aplastamiento, shock o hemorragia.

Dentro del McDonald’s apareció también la figura del doctor Miguel Romero, citado por El País como el cirujano al frente del hospital de campaña, aunque la dirección se repartía por turnos cuando los médicos salían a atender sobre el terreno. Romero, de 34 años, venía de Alemania y llegó a La Guaira después de más de diez horas de viaje. Según el reportaje, apenas dormía un par de horas al día desde su llegada a la zona cero.

Una de las escenas más fuertes fue la atención de una mujer que acababa de dar a luz sola y llegó con restos de placenta. El País describe que dos enfermeras la pasaron rápidamente al quirófano improvisado y que Romero realizó la intervención a más de 40 grados, a oscuras, con la luz de celulares y sobre una banqueta del McDonald’s.

Lo que hicieron Fernández, Romero, las enfermeras y el resto de voluntarios no fue una anécdota menor. Fue medicina de emergencia en estado puro: organizar un foco de atención donde no había hospital, levantar un triaje donde había desorden, abrir una farmacia donde antes había una barra de comida rápida y operar donde apenas había luz.

En La Guaira, ese McDonald’s dejó de ser un local abandonado. Se convirtió en una pequeña frontera entre la vida y la muerte. Y en esa frontera estuvieron Moisés Fernández, Miguel Romero y un grupo de médicos voluntarios que hicieron posible atender cuando casi todo alrededor estaba colapsado.