Europa atraviesa una de las olas de calor más severas de los últimos años. Las temperaturas han superado los 40 grados en distintas zonas del continente y varios países han reportado récords históricos o marcas inusuales para esta época del año. Francia, España, Italia, Alemania, Suiza y parte de los Balcanes han vivido jornadas de riesgo sanitario, incendios, cortes en servicios y presión sobre hospitales y sistemas de emergencia.
El golpe humano ya es visible. España atribuyó más de mil muertes en exceso al calor durante junio, en medio de su segundo junio más cálido registrado. Francia también informó alrededor de mil muertes adicionales durante el episodio extremo. Las autoridades sanitarias insisten en que las personas mayores, los niños pequeños, los trabajadores al aire libre y quienes padecen enfermedades crónicas son los grupos más vulnerables.
La ola de calor también ha roto marcas en el centro y norte de Europa. Reuters reportó temperaturas extremas desde Escandinavia hasta los Alpes, con récords preliminares en Alemania, Dinamarca y República Checa, además de nuevas marcas para junio en Suiza. El fenómeno ha afectado transporte público, escuelas, redes eléctricas y actividades deportivas.
En Francia, la crisis climática pasó además al plano político. Legisladores verdes anunciaron una moción de censura contra el gobierno por el manejo de la emergencia, mientras el país se prepara para posibles nuevos episodios de calor extremo. La discusión ya no se limita al clima: toca la capacidad real de los Estados europeos para proteger a su población ante eventos que se repiten con más frecuencia.
La imagen de estos días es la de un continente buscando sombra, agua y refugio. Fuentes públicas convertidas en piscinas improvisadas, trenes lentos por el calor, trabajadores expuestos al sol y hospitales atentos a los golpes de calor. Europa sabe que esto ya no es una anomalía aislada. Es una advertencia sobre el tipo de verano que puede volverse cada vez más común.
